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Arte y meditación - julio 2022

La prudente Abigail

Luca Giordano (Nápoles 1634 – 1705), La prudente Abigail, 1696-97, óleo sobre lienzo, cm 216 x 362, Madrid, Museo del Prado. 

Mes de julio. 

Mujeres del Antiguo Testamento: Abigail. 

Sin pérdida de tiempo, Abigail tomó doscientos panes, dos odres de vino, cinco carneros adobados, cinco bolsas de grano tostado, cien racimos de pasas de uva y doscientas tortas de higo, y los cargó sobre unos asnos. Luego dijo a sus servidores; «Adelántense ustedes, y yo iré detrás». Pero no le avisó nada a su esposo Nabal.

Mientras Abigail, montada en su asno, bajaba por un recodo de la montaña, David y sus hombres bajaban en dirección a ella… Apenas vio a David, Abigail bajó inmediatamente del asno, y cayó ante él con el rostro en tierra. Y postrada a sus pies, exclamó: «¡Que la falta recaiga sobre mí, señor! ¡Pero permite que tu servidora hable en tu presencia! ¡Escucha sus palabras! Que mi señor no le haga caso a ese miserable de Nabal, porque su nombre dice lo que él es: él se llama Nabal, que significa "insensato", y la insensatez lo acompaña. Pero yo, tu servidora, no había visto a los jóvenes que había enviado mi señor. Y ahora, ¡por la vida del Señor y por tu propia vida! es el mismo Señor el que te impide derramar sangre y hacerte justicia por tu mano. ¡Que tus enemigos y todos los que tratan de hacerte mal corran la misma suerte que Nabal! Con respecto a este obsequio que le he traído a mi señor, que lo repartan entre tus seguidores. Perdona, te lo ruego, la falta de tu servidora. Porque el Señor te hará seguramente una casa perdurable, ya que tú has combatido en las guerras del Señor y en toda tu vida no se encuentra en ti nada malo.

(I Samuel 25, 18-20; 23-28)

El episodio narrado en el primer libro de Samuel ocurre cuando David, ya ungido rey por el profeta, pero aún no reconocido como tal, huye de Saúl y al mismo tiempo lucha contra los filisteos. Es un momento delicado, porque Samuel ha muerto recientemente. David había enviado mensajeros al acaudalado Nabal que, sin embargo, había respondido mal al futuro rey de Israel. Y la esposa de Nabal, Abigail, que se da cuenta del peligro que corre su casa, toma la iniciativa y, sin que su marido lo sepa, acude a David con ricos regalos. El gran cuadro que Luca Giordano ejecutó para la familia real española y que fue colocado en el Palacio Real (pero provenía del Palacio del Buen Retiro) nos presenta el momento del encuentro entre David y Abigail. El cuadro está dividido en dos partes. A la derecha David -que ya lleva la corona, aunque todavía no es formalmente rey- con varios personajes que recuerdan a una corte (un soldado, un enano/bufo, un perro...), a la izquierda Abigail que, arrodillada, presenta sus regalos, contenidos en las jarras que tiene delante pero también en los burros que se vislumbran al fondo. La escena está repleta de numerosos personajes, aunque, en cuanto a luminosidad y riqueza de detalles, destacan David y Abigail.

Y que la jugada de Abigail ha tenido éxito ya lo entendemos por la actitud de David, que la mira con benevolencia. No en vano, la respuesta de David a la petición de clemencia de Abigail es muy clara y prometedora: «¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, que hoy te envía a mi encuentro! ¡Bendito sea tu buen tino, y bendiga también a ti, que hoy me has impedido derramar sangre y hacerme justicia por mí mismo! ¡Por la vida del Señor, el Dios de Israel, que me ha impedido hacerte daño, si no te hubieras apresurado a venir a mi encuentro, juro que antes de brillar el alba no le habría quedado vivo a Nabal ni un solo hombre!». Luego David tomó lo que la mujer le había traído y le dijo: «Sube a tu casa en paz. He escuchado tu demanda y la tendré en cuenta». (I Samuel, 25, 32-35)

Hay un detalle que, más que ningún otro, resalta ante el observador el tenor tranquilo y constructivo del diálogo entre los dos protagonistas: son las manos. Las de Abigail indican los dones y el camino recorrido, mientras que las de David, sobre todo la derecha, parecen dar seguridad a la mujer y calmar sus temores.

Y lo que se nos dice de Abigail al principio del capítulo 25, a saber, que “la mujer era inteligente y atractiva” (v. 3b), tocó profundamente a David hasta el punto de que, al enterarse de la muerte de Nabal diez días después de su encuentro con su esposa, pidió y obtuvo casarse con la propia Abigail.

(Contribución de Vito Pongolini)

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