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Arte y Meditación - abril 2022

Guercino Abramo ripudia Agar e Ismaele

©Pinacoteca di Brera, Milano

Giovan Francesco Barbieri, conocido como Guercino (Cento 1591 – Boloña 1666), Abraham repudia a Agar e Ismael, 1657, óleo sobre lienzo, 115 cm x 152 cm, Milán, Pinacoteca de Brera.

Mes de abril.

Mujeres del Antiguo Testamento: Agar.

El origen de este cuadro es bien conocido. Fue encargado por la comunidad de Cento, que quería rendir homenaje al cardenal legado de Ferrara, Lorenzo Imperiali. No sabemos el motivo de la elección del tema, pero sí sabemos que lo que nos muestra el cuadro está narrado en el capítulo 21 del Libro del Génesis. Ya en el capítulo 16 se cuenta que Sara, la mujer de Abraham, al no poder tener hijos, le sugirió a su marido que le diera un hijo a su esclava Agar para que su marido pudiera tener una descendencia. Esto se cumple y, aunque hay cierta tensión entre las dos mujeres, se suaviza por la intervención del ángel del Señor. “Agar dio a luz un hijo a Abraham, y Abraham llamó al hijo que Agar le había dado Ismael. Tenía Abraham 86 años cuando Agar le dio su hijo Ismael” (Gén 16, 15-16).

Pero después de que Sara diera a luz a Isaac, la incomprensión y los celos volvieron a la familia. Sara le pide a Abraham que aleje a Agar y a su hijo. La Biblia nos dice que “sintiólo muy mucho Abraham, por tratarse de su hijo, pero Dios dijo a Abraham: «No lo sientas ni por el chico ni por tu criada. En todo lo que te dice Sara, hazle caso; pues aunque por Isaac llevará tu nombre una descendencia, también del hijo de la criada haré una gran nación, por ser descendiente tuyo.» Levantóse, pues, Abraham de mañana, tomó pan y un odre de agua, y se lo dio a Agar, le puso al hombro el niño y la despidió. Ella se fue y anduvo por el desierto de Berseba” (Gén 21, 11-14).

El cuadro de Guercino representa el dramático momento del alejamiento y la separación de Abraham y Agar con su hijo Ismael.

La escena se reduce a lo esencial, con todos los protagonistas en primer plano, mientras que en el fondo una columna y el cielo azul parecen un telón de fondo teatral.

El primer elemento que nos llama la atención es que Sara, a la izquierda, está retratada de espaldas, como si estuviera yéndose. De hecho, fue ella la que provocó la expulsión de Agar, la que pidió y obtuvo de Abraham el alejamiento de Ismael, ya joven, de su pequeño Isaac. La elección de no mostrar siquiera su rostro parece casi un juicio poco benévolo sobre ella por parte del pintor o de quien encargó el lienzo.

El segundo elemento que destacamos es la figura de Abraham. Son muchos los detalles que nos muestran que estamos ante el señor de la casa: la elegancia de su vestido, el cuidado con el que se representan los puños que sobresalen de las anchas mangas, sus manos bien cuidadas, el hermoso turbante azul que cubre su cabeza, la poblada barba blanca que enmarca su ya anciano rostro. Ha tomado su decisión, como se desprende del dedo índice de su mano derecha con el que indica a Agar la dirección que debe tomar, aunque con la mano izquierda no entendemos si pretende despedirse de ella y de su primer hijo o asegurarles que no los olvidará a ambos, también en virtud de la promesa que Dios le ha hecho sobre Ismael.

Y finalmente llegamos a Agar, ya preparada para su desconocido destino, como atestigua la jarra de agua que lleva. Se nos presenta como una mujer elegante en su dignidad. Sus ojos se cubren de lágrimas porque se da cuenta de que la prueba a la que está llamada a someterse es muy exigente, porque oye al pequeño Ismael aferrarse a ella entre lágrimas, incapaz de entender por qué debe dejar su casa, sus juegos, su seguridad. Agar mira a Abraham y en su mirada se lee incredulidad, dolor y asombro.

La historia de Agar termina rápidamente, y en el mismo capítulo 21 del libro del Génesis leemos que "Dios oyó la voz del niño, y un ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo y le dijo: "¿Qué pasa, Agar? No temas, porque Dios ha escuchado la voz del niño donde está. Levántate, toma al niño y llévalo de la mano, porque haré de él una gran nación. Dios le abrió los ojos y vio un pozo de agua. Así que fue y llenó el odre e hizo beber al niño. Y Dios estaba con el niño, y éste creció y habitó en el desierto y se hizo arquero. Y habitó en el desierto de Parán, y su madre le tomó una esposa de la tierra de Egipto" (Gén 21,17-21).

Agar fue, por tanto, una mujer fuerte, que pudo afrontar las desgracias de la vida también porque la presencia benévola de Dios nunca les falló a ella ni a su hijo Ismael.

(Contribución de Vito Pongolini)

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