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MENSAJE MENSUAL SEPTIEMBRE 2021

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Mensaje de la Presidente de la UMOFC para el mes de septiembre

La potencia de la oración y la penitencia

Queridas amigas,

hemos visto con horror las fotos de madres afganas arrojando a sus niños a través de cercas de alambre de púa para salvar sus vidas… desgarradores gestos de amor… Mujeres de una tierra tan sufrida. Afganistán, rico en oro y otros minerales, con estratégica posición geopolítica que sufrió diversas ocupaciones extranjeras y cuyo territorio está plagado de minas que producen unas 120 muertes por mes, entre otros padecimientos. ¡Cómo no compadecernos ante tanto dolor!

Nos ha dicho el Papa: “En momentos históricos como este no podemos permanecer indiferentes, la historia de la Iglesia nos lo enseña. Como cristianos, esta situación nos compromete. Por eso hago un llamamiento a todos para que se intensifique la oración y se practique el ayuno. Oración y ayuno, oración y penitencia. Este es el momento de hacerlo. Hablo en serio: intensificar la oración y practicar el ayuno, pidiendo al Señor misericordia y perdón.” (Angelus, 29 de agosto 2021).

Las mujeres de la UMOFC no tenemos el timón del manejo geopolítico o económico, pero sí tenemos a nuestro alcance la potencia misteriosa de la oración y la penitencia. Jesús nos asegura: “pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá." (Lc. 11, 9-10). Imaginemos una columna ascendente de millones de mujeres que interceden con oración y ofrecimientos… cómo no vamos a recibir como respuesta una lluvia de gracias del corazón de Jesús y de María. Las invito a poner en la patena, junto a las intenciones personales, a las mujeres afganas, a las cubanas y a las de tantos otros países que hoy sufren calamidades.

Y en este mensaje quisiera, además, hacerme eco de la intención del Santo Padre para el mes de septiembre, denominado “el tiempo de la Creación”: siguiendo a tantos jóvenes, elijamos con coraje un estilo de vida sostenible. Este estilo de vida, que está explicitado en Laudato si, exige una conversión interior y exterior. Y toda conversión requiere de oración y ayuno. Encaremos este tiempo de pandemia como una oportunidad para reflexionar y aprender a transformar nuestro entorno. Es nuestra responsabilidad que la zona del planeta grande o pequeña que esté a nuestro alcance, se transforme en una Casa Común dónde los excluidos puedan vivir como hermanos nuestros. Juntas podemos contribuir a superar la crisis planetaria.

Y permítanme agregar que, en medio de tantas pérdidas que hemos sufrido y seguimos padeciendo durante esta emergencia global provocada por el virus, tenemos siempre algo bello que rescatar: la familia. Las familias han demostrado ser el refugio en plena pandemia y los lazos familiares se han visto a prueba para sostener la escolaridad de los hijos, el trabajo y tantas otras dimensiones de nuestra vida. Es fundamental que cuidemos y promovamos a las familias con la fuerza de nuestra oración y nuestra mortificación.

Las invito a profundizar en “el nuevo estilo pastoral de Amoris Laetitia: acoger, acompañar, discernir e integrar”, en el webinar que tendremos el 15 de septiembre (16:00 hora de Europa Central) con la intervención de la Subsecretaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, Dra. Gabriella Gambino y la teóloga Oranne de Mautort, co-autora del libro Familles, belles et fragiles ! Mettre en oeuvre Amoris laetitia dans l’Eglise. Por favor, convoquen tanto a sacerdotes, consagradas y laicos que deseen desarrollar una pastoral acorde a las enseñanzas de la Iglesia que nos nutre como promotores de la familia. Aquí encontrará el link para participar.

Precisamente en esa fecha, 15 de septiembre, según el calendario litúrgico romano, la Iglesia celebra a Nuestra Señora de los Dolores. Pongo este webinar en las manos de nuestra Madre. Ella recogerá nuestros dolores, los de nuestras familias y los de todas las mujeres y los hombres del mundo. A Ella le encomiendo que eleve nuestra oración y nuestra penitencia para que podamos experimentar el rocío de gracias que por su intercesión hemos de recibir.

Me despido con afecto,

María Lía Zervino, Servidora