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Mensaje mensual junio 2021

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Sagrado Corazón enséñanos a amar como Vos amás.

Queridas amigas:

Junio es el mes que tradicionalmente, tanto para grandes santos como para los más sencillos del Pueblo de Dios, está dedicado especialmente al Sagrado Corazón de Jesús. A ese Corazón que nos recuerda que Dios nos amó primero y que deseó ardientemente comer la Cena de Pascua con cada uno de nosotros. Precisamente, el Corpus Christi, la presencia del Señor en la Eucaristía, lo celebramos durante este mismo mes.

Los Sumos Pontífices, desde el siglo XI, de un modo u otros, han impulsado esta devoción a fin de que acojamos y expandamos el amor sin límites de nuestro Señor Jesucristo. Es tan infinito su amor por nosotros que no es posible acabar de entenderlo o describirlo. En este momento, escribiéndoles frente al Tabernáculo, quisiera compartir sólo algunas facetas de él que resuenan en mi interior, segura de que ustedes encarnarán éstas y tantas otras en su cotidianeidad y en su familia.

“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 28-29). ¡Qué alivio! Es Jesús mismo quien lleva con nosotras el yugo – esa pieza de madera que une a la yunta para que unida tenga la fuerza necesaria para tirar del carro- y al estar tan unidas a Él, podemos aliviar el cansancio de quienes se sienten agobiados por la pandemia o por sus dolencias familiares.

Y, a la vez, Jesús nos abre la puerta de su Corazón para que aprendamos a ser mansas y humildes, dejando espacio en nuestro corazón para acogerlo en su Palabra, en el magisterio, en la sabiduría de los mayores, en los más vulnerables o en los más jóvenes a quienes a menudo Dios inspira lo que es mejor (Cfr. San Juan Pablo II, Novo Millennio Ineunte 43). ¡Cuántos conflictos se hubieran evitado, en nuestras familias y también en la vida de la Iglesia, si en vez de defendernos “con espada” hubiésemos reaccionado con una escucha humilde y un diálogo manso!

Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor” (Mt 9, 36). La compasión remite a las entrañas de un corazón maternal que experimentan como propio el dolor de los hijos, la fragilidad de los ancianos, la pérdida de seres queridos... Les deseo que en este Año Familia Amoris Laetitia reaccionemos con nuestras organizaciones con más cercanía, ternura y misericordia respecto a las familias, para dar respuesta y protección a quienes están solos, a los novios sin guía, a los niños por nacer, a los que han caído o a los que necesitan potenciar su matrimonio. Ojalá que muchas familias tengan un “corazón misionero” para con otras familias.

María refleja en el suyo el Corazón de su Hijo. Les propongo adentrarnos con Ella en el Corazón de Jesús, “porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes que no necesitan maltratar a otros para sentirse importante” (EG 288). ¡Que el amor del sacramento del matrimonio sea fuente de bendición para la sociedad!

Me despido con afecto invitándolas a unirnos en la oración que les dejo a continuación

 

María Lía Zervino, Servidora

Presidente General de la UMOFC

 

Santa María, Madre de Dios,

consérvame un corazón de niño, puro y transparente como una fuente.

Dame un corazón sencillo que no sepa saborear las tristezas;

un corazón grande para entregarse, tierno en la compasión;

un corazón fiel y generoso que no olvide ningún bien ni guarde rencor por ningún mal.

Fórmame un corazón manso y humilde, amante sin exigir reciprocidad,

gozoso de identificarse con el Corazón de tu Hijo divino;

un corazón grande e indomable que ninguna ingratitud detenga,

que ninguna indiferencia canse;

un corazón apasionado por la gloria de Jesucristo,

herido por su amor y cuya llaga se cure sólo en el cielo. Amén.