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Mensaje mensual julio 2019

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Mujeres de la UMOFC: manos a la obra

 “Dadles vosotros de comer” (Lc  9,13) nos dice el Señor. “Lo que tenemos da fruto si lo damos —esto es lo que Jesús quiere decirnos—; y no importa si es poco o mucho. El Señor hace cosas grandes con nuestra pequeñez, como hizo con los cinco panes (…) actúa con gestos humildes. La omnipotencia de Dios es humilde, hecha sólo de amor. Y el amor hace obras grandes con lo pequeño.” (Homilía Papa Francisco, 23 de junio 2019).

Queridas amigas, en este mes de julio, ante todo, quisiera agradecerles por el trabajo cotidiano que hace cada miembro de nuestras organizaciones, para estar cerca del que sufre, para atender sus “heridas”, para cuidar y proteger la vida y las familias, para hacer crecer la fe y la esperanza en el Pueblo de Dios, para atender a niños, ancianos, enfermos, a los que no tienen techo, educación o pan y agua potable para sobrevivir, para salir al encuentro de los jóvenes, para escuchar y dar respuesta al lamento de nuestra Casa Común… para rezar y hacer adoración perpetua que enriquece a toda nuestra red de vasos comunicantes con la gracia propia de la comunión de los santos. ¡Son tantos los carismas de las organizaciones de la UMOFC!

Sin embargo, puede que a veces, percibiendo todo lo que nos queda por hacer y los pocos recursos con que contamos, nos suceda como a los discípulos de Jesús, que no querían hacerse cargo de dar de comer a tanta gente que seguía la predicación de Jesús. Es entonces cuando puede el Maligno engañarnos y hacernos caer en la tentación de bajar los brazos, de la indiferencia, o del seguir como hasta ahora sin buscar respuestas creativas y sin sentirnos responsables de lo que sucede en el mundo que nos toca vivir.

¿Nos sentimos responsables de que por falta de una adecuada nutrición –entre otras muchas causas - se generen corrientes migratorias que traen como consecuencia la separación de las familias, la trata de personas, la migración de menores no acompañados, el abuso de muchos de ellos? ¿Somos conscientes que hemos de contribuir con llegar al “hambre cero” porque este planeta puede, con la tecnología que hoy contamos, dar de comer a todos los que fuimos llamados al banquete de la vida?

El hambre en el mundo, tras la reducción que se venía produciendo en los últimos 30 años, volvió a aumentar según las cifras de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), a pesar de que, según los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) debiera eliminarse globalmente en el próximo decenio. El 70% de quienes sufren hambre, son mujeres. Y por la misma causa, 150 millones de niños padecen retraso en su crecimiento.

Estos últimos días en que he podido participar en la Asamblea General de la FAO en Roma, y por otro lado he escuchado la homilía del Papa Francisco en la solemnidad del Corpus Christi, ha nacido esta reflexión que aplico a mí misma y comparto sencillamente con ustedes.

Las mujeres tenemos un rol central en la alimentación. Hemos de alimentar el organismo y el espíritu, la cultura y la fe, las personas y la sociedad: hemos sido creadas para dar vida, para gestarla desde nuestro interior y generarla en nuestro derredor. ¡No nos dejemos robar nuestra maternidad! Cada una de nosotras puede y debe “dar de comer”.

¿Y cuál es nuestra principal fuente, la que nos nutre a nosotras mismas para poder alimentar a quienes nos rodean y sufren tantos tipos diversos de “hambre”? Es la Eucaristía, “…allí está Dios encerrado en un pedacito de pan. Sencillo y esencial, Pan partido y compartido, la Eucaristía que recibimos nos transmite la mentalidad de Dios. Y nos lleva a entregarnos a los demás. Es antídoto contra el “lo siento, pero no me concierne”, contra el “no tengo tiempo, no puedo, no es asunto mío”; contra el mirar desde la otra orilla.” (Homilía Papa Francisco, 23 de junio 2019).

Mujeres de la UMOFC, el Espíritu Santo nos convocó a Dakar y allí nos inspiró las resoluciones en las que necesitamos enfocarnos durante el período 2018-2022: en un planeta saludable, en las familias y sus miembros más vulnerables, en erradicar toda violencia contra las mujeres y en avanzar en el camino hacia la santidad. Pongamos a disposición de la UMOFC lo que cada organización ya tiene de experiencia en estos temas: escribamos al Secretariado sobre nuestras actividades, mandemos fotos y materiales. Compartamos nuestros pocos panes de modo que el Señor, viendo que damos todo lo que tenemos por pequeño que sea, lo multiplique. ¡Manos a la obra!

 

María Lía Zervino, Servidora

Presidente General de la UMOFC