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Mensaje de la Presidente General para el Dia Internacional de la Mujer 2019

ML

Hoy en día, ¿podemos sostener que las mujeres somos promotoras de esperanza cuando hay llagas que están al rojo vivo? Un planeta que grita por la destrucción que le estamos infligiendo los seres humanos, y seres humanos, en particular mujeres y niños, que están sometidos a esclavitud, desprecio y discriminación y cuyo grito queremos acallar.

Son llagas de Jesús en el mundo actual: la migración de niños no acompañados y la división forzosa de familias; los refugiados a causa de guerras y conflictos que viven en condiciones infrahumanas; la trata de personas para prostitución, trabajo deshonesto, tráfico de órganos y alquiler de vientres; las víctimas del comercio de armas y de drogas; las mujeres heridas, abusadas, discriminadas por culturas machistas y también por culturas hedonistas que buscan en el aborto y en la reducción de los pueblos más pobres la solución a la falta de una adecuada distribución de la riqueza; las familias sin techo, sin tierra, sin educación, sin alimentación y sin trabajo cuando la ciencia y tecnología aplicadas a una ecología integral, nos permitirían vivir fraternalmente y cuidando de nuestra Casa común.

Las mujeres constituimos el 71% de los 40 millones de personas que hoy sufren esclavitudes modernas. Y al mismo tiempo estamos llamadas a ser mujeres promotoras de esperanza. Esto es lo que necesita nuestra sociedad y nuestra Iglesia: mujeres capaces de irradiar misericordia desde nuestras propias entrañas, mujeres que busquemos dar vida y nunca cancelarla o menguarla, que salgamos al encuentro del que más sufre y acompañemos a los más necesitados, que actuemos por un amor maternal capaz de silencioso sacrificio y extrema creatividad, que evangelicemos con lenguaje y gestos de ternura... que aliviemos las llagas abiertas de nuestro Señor.

Mujeres que no actuemos por reivindicación sino por convicción. Seguras de que podemos transformar el mundo que nos rodea y del cual somos responsables. Conscientes de que la sociedad que buscamos
se construye, día a día, poco a poco, mediante un trabajo colaborativo de hombres y mujeres, iguales en dignidad y diversos en identidad. Nosotras, mujeres del 2019, podemos aliviar, en alguna medida, las llagas abiertas del Crucificado siendo portadoras de esperanza,
• si aportamos y contagiamos cotidianamente el amor creativo,
• si afrontamos con fortaleza la tentación de dejar caer los brazos, y nos comprometemos en una acción personal y comunitaria,
• si compartimos ideales y trabajo con hombres que también estén apasionados por el cuidado del mundo como del propio hogar, que al mismo tiempo es protección duradera y comunitaria de los más vulnerables.

Como nos exhorta el Papa Francisco, pongamos en práctica con alegría, acciones y renuncias en nuestro entorno, que por más pequeños que sean, miran a resolver los dramas que sufrimos hoy.

Mujeres: ¡Adelante! ¡Seamos promotoras de esperanza!